Hay recetas que no son solo recetas, sino pequeños rituales.
El Golden Milk (o leche dorada) es una de ellas.
Una bebida caliente, especiada y reconfortante que invita a parar, a entrar en calor y a cuidarse sin prisas. Una taza que apetece especialmente al final del día, cuando el cuerpo pide calma y algo que siente bien.
Durante siglos, las especias que lo componen cúrcuma, canela, jengibre, nuez moscada y pimienta negra, se han utilizado no como soluciones rápidas, sino como ayudas suaves para acompañar al cuerpo: digestión más tranquila, sensación de calidez y equilibrio.
Nuestro Golden Milk está pensado justo para eso:
un gesto sencillo, fácil de preparar y lleno de aroma.
Una receta muy fácil, hecha en puchero y lista en pocos minutos.
500 ml de leche (entera o vegetal)
4 cucharadas de Golden Milk Kondimenta
Miel cruda al gusto (opcional)
Añade la leche a un cazo y calienta a fuego medio, sin que llegue a hervir.
Incorpora las 4 cucharadas de Golden Milk y remueve bien.
Cocina durante 2 minutos, removiendo para que las especias se integren y suelten todo su aroma.
Añade un poco de miel cruda si quieres endulzar, mezcla de nuevo.
Sirve caliente en dos tazas y disfruta.
El Golden Milk se toma tradicionalmente caliente en invierno, como una bebida reconfortante antes de dormir, pero también puede disfrutarse frío en verano, con hielo, como una alternativa especiada y diferente.
Lo importante no es solo cómo se prepara, sino el momento que te regalas al hacerlo.
Porque a veces cuidarse empieza por algo tan sencillo como una taza caliente entre las manos
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